¿Caminas tu en el Espíritu?

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Un día estaba recibiendo un curso de un tema que me parecía muy interesante, éramos 15 personas en la clase, la mayoría personas adultas con mucha experiencia en el ámbito laboral, yo era una de las más jóvenes. Sentía muchos nervios al conocer personas nuevas, me sentía un poco atemorizada al no saber qué esperar de ellas. Como siempre yo he sido una persona muy observadora, analizando todo el ambiente y la forma de comportarse de mis compañeros, solo le pedía a Dios ser luz en medio de ese lugar. La facilitadora que estaba al frente puso una canción que hablaba de Jesús que personalmente me gusta mucho, ella preguntó si alguien sabía de qué hablaba y si alguien sabía si la letra era algo escrito en la Biblia. Yo solo me quede callada. Esperé a que alguien negara la situación y seguimos adelante con otro tema.

Al darme cuenta, se me había pasado la oportunidad de compartir de Cristo con todos en el lugar y con un gran dolor en mi corazón le pedí perdón a Dios por no estar atenta a esas oportunidades. ¿Sabes por qué no estamos atentas muchas veces a la oportunidad que Dios nos da de compartir de su amor? Porque se nos olvida caminar en el Espíritu. Eso quiere decir, en pocas palabras, que le damos nuestra atención a otras cosas y dejamos de ver a Jesús y de anhelarlo ardientemente, dejamos de darle su lugar, dejamos de confiar que tenemos un propósito que cumplir en cada lugar a donde vamos y con cada persona que conocemos. Es tan importante que podamos caminar sabiendo que el Espíritu Santo camina a nuestro lado, que en medio de la incertidumbre y el temor El sigue estando ahí para fortalecernos y guiarnos, para hacernos fuertes y no sentirnos opacadas por las demás personas.

Muchas veces en nuestro corazón cambiamos nuestra victoria por el temor, por el qué dirán, por el orgullo, porque ponemos nuestros ojos en lo terrenal y no en las maravillosas bendiciones que vendrán en la eternidad para nosotras y eso demuestra que no estamos caminando en el Espíritu. Porque si andamos en El, entonces no hay condenación, no hay temor.

Romanos 8:1-2 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Podemos ser fácilmente distraídas, pero hoy tengo un versículo especial para ti que te hará volver tus ojos a Cristo Jesús. Este es el ejemplo de Pablo, cuando es llamado por Jesús a dejar de matar a los cristianos y por lo contrario volverse uno de ellos y es enviado a predicar la Palabra de Salvación a muchos lugares.

Gálatas 1:10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Es maravillosa esta Palabra que nos hace volver nuestros ojos a lo que verdaderamente importa, agradar a JESÚS. Solamente cuando tengamos firme nuestra fe en el Amado, cuando nuestro corazón arda por buscarle todos los días, cuando Él sea nuestro primer lugar, es entonces cuando verdaderamente podremos cumplir nuestro propósito día a día sin temor, sin frustración, llenas del gozo eterno que encontramos en Él.

2 Corintios 5:14-15 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
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