Ayuno Día # 21

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JESÚS LES DIJO a sus seguidores: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24). Hoy es el último día de su ayuno. Ha oído usted su Palabra, y ha obedecido. ¡Es como ese hombre sabio con su casa sobre la roca! No abandone hoy. Prosiga y oiga lo que el Espíritu del Señor le diga. Hace más de veinte años, cuando el Señor me llamó por primera vez a predicar, Él me mostró algunas cosas que eran para un tiempo y una época futura. Yo no podía entrar a todas sus promesas de una vez, pero supe que Él me guiaría en su voluntad a medida que yo estuviera dispuesto a santificarme y seguirle a Él. Recientemente, el Señor ha avivado mi espíritu con un sentimiento de que ahora es el tiempo. Es como si Él estuviera diciendo: “Has orado por ello. Has soñado con ello. Me lo has pedido. Lo has anhelado. Te ha sido profetizado. Prepárate”.

Regresé a Carolina del Norte, donde nací y me crié. Mi abuelo aún tiene una propiedad en Middlesex, Carolina del Norte. Es una hermosa casa, parecida a una mansión, situada sobre acres de exuberantes tierras de labranza con caballos, ganado y hasta su propia pista de aterrizaje para su aeroplano. Veintiocho niños se criaron en esa casa a lo largo de los años, y todos ellos sirven al Señor.

Durante aquella visita especial de regreso a mis raíces y mi herencia, pasé tiempo cada día caminando por esa pista de aterrizaje y por los campos en oración y comunión con Dios. Sentí la guía del Espíritu Santo para que visitase el lugar donde Él me llamó por primera vez a predicar. Yo no había regresado desde hacía veintidós años. Fui hasta ese maravilloso y viejo santuario de la Iglesia de Dios y me senté en el punto mismo donde recibí mi llamado. Puedo recordarlo como si fuera ayer. Yo estaba haciendo un ayuno de tres días, y clamando a Dios: “Oh Dios, ¿puedes usarme? ¿Por qué me estás llamando a predicar? No puedo hacerlo. No sé cómo predicar. Tengo temor; no soy digno. No soy lo bastante bueno”. Le estaba dando todas las excusas y todo el temor. No comprendía que durante aquel ayuno de tres días yo estaba cortando la carne con un cuchillo afilado.

Finalmente, el tercer día, oí su voz en mi espíritu decir: “Te he llamado a predicar. Ve y haz lo que te he llamado a hacer”. Yo dije: “Señor, si esta es verdaderamente tu voluntad, entonces que mi mamá lo confirme cuando yo llegue a casa, aunque sea más de medianoche. Que ella esté levantada y lo confirme”. Yo era joven, ¡y nunca hace daño pedir claridad! Salí de aquel diminuto santuario llorando, me metí en mi auto, y conduje de regreso a casa. Cuando entré en el cuarto de mamá, ella estaba de rodillas orando. En cuanto la vi, ella se giró, me señaló con el dedo y comenzó a hablar con labios temblorosos. “Jentezen, Dios te ha llamado a predicar. Ve y haz lo que Él te ha llamado a hacer”.

¿Y si usted se propusiera buscar al Señor diligentemente, santificarse con un ayuno y un viaje de regreso al punto mismo donde todo comenzó; donde Él le salvó, le liberó, le llenó de su Espíritu y le llamó? Yo viajé físicamente a ese punto, pero si usted no puede hacer eso, puede regresar mentalmente. Puede recordar la antigua marca, la misma sencillez, inocencia y dedicación con la cual respondió usted por primera vez a su voz. Al igual que Josué llamó a los hijos de la promesa a santificarse, yo creo que, de igual manera, su “mañana” está justamente a la vuelta de la esquina. Dios va a hacer maravillas en su vida, llevándolo a lugares donde nunca antes haya estado. El ayuno le llevará al destino. El ayuno le llevará a estar en línea con el plan de Dios para su vida. Ahora es el tiempo de ayunar, de buscar a Dios diligentemente, de santificarse, de discernir las prioridades de Dios y de caminar en sus promesas. ¡Vaya tras ello!

En su vigesimoprimer día de ayuno, recuerde:

  • Busque a alguien y comparta su experiencia con esa persona.
  • Vuelva a abastecerse con líquidos, y prepárese para regresar a la comida sólida el vigesimosegundo día.
  • Sea agradecido y regocíjese.
  • Escriba sus sentimientos en un diario de oración.
  • La anticipación aumenta con respecto a lo que el Señor está haciendo en su vida.

¡Gloria a Dios!

  • En este último día, pida al Señor que le revele si hay falta de perdón, amargura u obstáculos que aún tenga que poner usted delante de su Señor.
  • Prepárese para una bendición, una cosecha y una unción como nunca antes haya experimentado.
  • Prepárese, ¡porque el resto de este año no será como ningún otro año anterior!

Enfoque de oración del día 21: Espíritu de oración para que caiga el Espíritu Santo

¿POR QUÉ ES este el enfoque de oración el último día de su ayuno? Porque a estas alturas usted es tan sensible al Espíritu Santo que se da cuenta de que ninguna otra cosa dará satisfacción. Ninguna otra cosa servirá en un mundo que se ha vuelto loco. Este mundo necesita el toque de Dios. Necesita el movimiento del Espíritu Santo que dé convicción de pecado a los hombres y los lleve a la cruz. Pero usted tiene que tener hambre de eso; tiene que tener sed de eso. Hay una diferencia entre querer beber y tener sed. Cuando usted tiene sed, todo lo que hay en su cuerpo dice: “Tengo que tenerlo”. Y cuando usted tenga sed, Él derramara su Espíritu. Por tanto, enfoque sus oraciones hoy para que en un espíritu de oración sea liberado en iglesias y en hogares por toda esta tierra, ¡una oración para que Dios derrame su Espíritu Santo y nos avive otra vez!

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. —Romanos 5:1-4

Extracto del libro: “El ayuno diario para 21 días: abra la puerta a una relación más profunda, íntima y poderosa con Dios” – Jentzen Franklin

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